No es una, no son diez… es la arribada

Ernesto Albavera Padilla
Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas
Centro Mexicano de la Tortuga
Correo electrónico: ealbavera@conanp.gob.mx

Arribada de Agosto de 1999

La anidación de las tortugas marinas es un proceso fascinante que, en cierto modo, ilustra los millones de años que llevan sobre la Tierra y dos de los rasgos fundamentales que explican su sobrevivencia como grupo taxonómico a lo largo de todo este tiempo: la paciencia y la perseverancia.

El proceso de arribo de una tortuga a la playa en la que va a desovar es lento. Emerge de entre las olas y repta lentamente haciendo repetidas pausas para buscar en la arena un sitio apropiado para excavar y depositar sus huevos. Si encuentra algo que la perturbe, regresa al mar para hacer un nuevo intento más tarde, si no, continúa hasta encontrar ese sitio.

Cuando ya lo encontró, primero remueve la arena seca con todo su cuerpo para hacer una “cama” y luego, con movimientos rítmicos y pausados, sus aletas traseras van extrayendo montones de arena depositándolos a un costado del hoyo que se va formando. Así, construye una cámara muy amplia en el fondo pero con una boca estrecha, para que quepan todos sus huevos. Unos dicen que tiene forma de cántaro, otros que tiene forma de gota; lo importante es que los huevos quedarán en una cámara esférica.

Con el nido listo, empieza a dejar caer sus huevos uno tras otro, pero también con muchas pausas. Mientras hace eso, de cuando en cuando emite sonoros resoplidos que nos dejan saber del enorme esfuerzo que está haciendo; por fin, acaba de desovar y empieza a cubrir los huevos.

Primero, es muy cuidadosa empujando la arena que había dejado a los costados cuando estaba excavando, ya que esa arena aún está húmeda y tibia; después, ya con menos delicadeza, compacta la arena sobre los huevos que acaba de depositar balanceando todo su cuerpo de un costado a otro sin moverse de su lugar, como si se tratara de una danza. Esta etapa también es muy sonora, pues los movimientos del cuerpo de la tortuga generan un sonido fuerte al golpear la arena.

Luego empieza a mover lateralmente sus cuatro aletas sin despegar el vientre de la arena (como quien intentara nadar en una alberca sin agua) para disimular el sitio en el que están sus huevos y a continuación se empieza a desplazar en las inmediaciones del nido, haciendo una cama más amplia para que la localización de sus huevos sea una labor mucho más complicada para cualquier depredador.

Por último, emprende el retorno al mar reptando con movimientos más rápidos; no es para menos, pues para algunas especies los huevos que depositaron en la playa pueden ser hasta un 10 por ciento de lo que pesaba cuando salió del mar. Se aproxima a la zona de oleaje, para irse perdiendo entre las olas. Todo este proceso le toma alrededor de una hora.

Si ver la anidación de una hembra es todo un espectáculo, ahora imaginemos lo que significaría tener frente a nosotros no a dos, ni a diez, sino a cientos y hasta miles de hembras realizando todo este proceso casi al mismo tiempo en una porción determinada de playa. Esto ocurre en algunas playas y es un fenómeno conocido como arribada, vocablo usado en todo el mundo sin importar el idioma que se hable.

La arribada es un fenómeno caracterizado por la anidación de un número elevado de tortugas marinas en condiciones de tiempo y espacio limitados. Es decir, que muchas hembras anidan en una porción de playa bien definida en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que ocasiona alta densidad. Esta conducta es un atributo exclusivo de algunas poblaciones de tortugas lora (Lepidochelys kempii) y golfina (Lepidochelys olivacea).

Una arribada puede durar desde unas cuantas horas hasta varias semanas, puede significar la anidación de unas decenas hasta varios cientos de miles de hembras y abarcar varios kilómetros de playa. Gracias a este fenómeno, una playa solitaria y tranquila se puede transformar de un momento a otro en un sitio lleno de movimiento y bullicio. Unas tortugas suben, otras bajan, otras anidan. El golpeteo de la arena con sus caparazones cuando tapan sus nidos y sus aleteos se llegan a escuchar entre el romper de las olas. Y al final, todo queda tan tranquilo, tan silencioso. Eso sí, con la arena bastante revuelta por la multitud de tortugas que por ahí pasaron.

Nadie imaginaría que a tan sólo unos 30 centímetros de profundidad hay miles, tal vez millones de huevos, en grupos de más o menos cien. Las tortugas golfinas pueden llegar a depositar hasta mil toneladas de huevos en una sola arribada, lo cual inevitablemente representa un aporte de alimento para muchos organismos del hábitat costero. Aun así, al final de la incubación miles de crías llegan al mar un mes y medio después.

La arribada es una estrategia que para la tortuga golfina parece ser exitosa; es la especie de tortuga marina más abundante en el planeta. La principal ventaja, dicen muchos expertos, es que al poner una alta cantidad de huevos en un periodo tan corto, los depredadores no podrán acabar con todos, por lo que al final habrá muchas crías que lleguen al mar.

También hay eventos desafortunados; por ejemplo, una marea muy alta que inunde toda la playa, ésta puede destruir todos los huevos de una arribada.

Otra aparente desventaja es que cuando ya han pasado varias horas o varios días de iniciada la arribada, son muy altas las probabilidades de que al construir su nido, una hembra destruya el nido que previamente depositó otra; el nuevo nido no está a salvo de tener el mismo destino. Por ello, es común observar sobre la arena muchos huevos que han sido extraídos por las tortugas durante estos eventos. Esto podría entenderse como una forma de control natural que evita el crecimiento de una población más allá de lo que los ecosistemas pueden sostener. En el balance de costos y beneficios por el uso de esta estrategia, la tortuga golfina ha salido ganando.

Para algunos expertos la arribada no es un fenómeno permanente para un sitio. De acuerdo con esta idea, las tortugas que anidan de manera solitaria en playas de una misma región se concentran repentinamente en una playa con características propicias para la arribada; por un tiempo aprovechan las ventajas de anidar en grupo, pero, por un proceso natural de degradación de la calidad del hábitat de incubación, luego de algunas décadas la población declina hasta que las tortugas se vuelven a dispersar. Esto convierte a la arribada en un fenómeno autolimitante; es decir, que se puede agotar por características ligadas a su propia naturaleza.

De esta conducta de anidación se sabe poco; fue poco antes de la mitad del siglo pasado que se tuvieron las primeras noticias de una asombrosa concentración de hembras de tortuga lora en una playa mexicana del estado de Tamaulipas. Unos años después se empezaron a conocer playas en donde esa misma conducta era mostrada por la tortuga golfina: una estaba en Surinam, en el Atlántico sudamericano, y algunas otras en México, en las costas del Pacífico. Desde luego, ello no significa que este fenómeno no existiera antes de que fuera reportado por la comunidad científica.

En el caso de la tortuga lora, las arribadas llegaron a ser de varias decenas de miles de hembras, pero su población se redujo drásticamente hacia las décadas de los años sesenta y setenta; en los años ochenta se registraron menos de mil anidaciones por año en su playa de desove más importante. No obstante, en los años noventa se empezó a notar un ligero aumento en la anidación de esta especie hasta lograrse que en años recientes ya se observen arribadas de varios miles de hembras, lo cual hace pensar que se está avanzando en su recuperación.

La región donde ocurren las arribadas de esta especie es muy limitada. De hecho, toda su área de anidación es relativamente pequeña, pues la tortuga lora es endémica del Golfo de México; eso significa que esta especie no se reproduce en ninguna otra región del mundo. La principal área de anidación para esta tortuga apenas cubre desde el norte de Tamaulipas hasta el norte de Veracruz, pero sus mayores arribadas ocurren en una playa llamada Rancho Nuevo, municipio de Aldama, Tamaulipas.

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1 respuesta a No es una, no son diez… es la arribada

  1. Gisela Hale Guzmán dijo:

    En información de Internet, en Santa Cruz dice que está cerrado los días lunes únicamente. Llegamos hoy martes y resulta que estaba cerrado. Deberían actualizar sus datos. Hicimos hora y media de desviarnos para regresar a Puebla, exclusivamente para ver las tortugas, mis hijos mi esposo yo nos vamos con una mala impresión de este lugar. Que tristeza que la gente no sepa informan

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